Por: Daniel Ernesto González Torres

La generación Z nació dentro de una crisis distinta y no ‘después’ de esta. Así el panorama financiero es ambivalente. Y no se puede decir que es mejor o peor que otra generación. Simplemente es distinta.
Los jóvenes que hoy tienen entre 18 y 28 años de edad crecieron viendo la crisis subprime de 2008, la pandemia de influenza H1N1, la guerra contra el narco y la pandemia de COVID-19, la crisis climática y la inflación postpandemia, y todo esto para muchos antes de haber terminado la universidad o llegando a su primer empleo precario.


Mientras que para la generación X y muy buena parte de los millennials las crisis y los problemas económicos llegaron en la etapa final de estas generaciones, para los centennials arranca desde el principio, es decir, ellos han crecido, vivido y trabajarán en medio de la inestabilidad económica, el encarecimiento de la vivienda y la volatilidad en el empleo.

Por lo que cabe hacernos la pregunta: ¿qué tan distinta es la situación de la generación Z en México frente a sus pares de otras generaciones? ¿O si de verdad son “peor administrados” o, más bien, les tocó un tablero más difícil con herramientas distintas?


La Generación Z o centennials enfrenta desafíos financieros significativos, a pesar de ser una generación con un alto nivel de educación financiera (al menos mayor que el resto de la población) y acceso a herramientas tecnológicas para ahorrar e invertir como nunca en la historia, están también en un contexto económico complicado que limita su capacidad de ahorro y de multiplicación de la riqueza que genera preocupaciones sobre su futuro financiero.


De acuerdo a la Condusef, un 73 por ciento de los jóvenes de la generación Z reportan dificultades para ahorrar debido a la situación económica actual, donde la inflación es una de las principales preocupaciones, afectando el poder adquisitivo de muchos (González, 2024). Pero, a pesar de esto, también están más interesados en acceder a créditos, lo que refleja una necesidad de financiamiento para cubrir gastos esenciales o impulsar proyectos personales (Chávez, 2024).


Por otro lado, se observa también que la Generación Z presenta una mentalidad más prudente al manejar su dinero, ya que muchos jóvenes optan por ahorrar para su educación (30 por ciento) y muestran un cambio de hábitos hacia métodos de inversión más responsables y conscientes y en sintonía con el impacto social y ambiental de sus decisiones (González, 2024).


Es importante decir que, a pesar de sentir una presión financiera considerable, los Centennials mexicanos muestran una mayor adaptabilidad para usar nuevas alternativas que les permitan manejar sus finanzas de manera más efectiva en un entorno incierto.


A pesar de su mayor nivel de educación financiera frente a otras generaciones, las condiciones del mercado laboral donde participan son más complicadas que en otros tiempos. Por ejemplo, la generación X entró al mercado laboral en un contexto de crecimiento económico producto de la globalización, por otro lado, antes de la gran ola de precarización y automatización, los “millennials de la primera década del milenio” vivieron el golpe de la crisis financiera de 2008, pero aún con este fenómeno tuvieron oportunidad de encontrar mercados laborales estables con empleos formales y con salarios reales menos erosionados y con acceso a vivienda todavía alcanzable.


Sin embargo, la generación Z entró a trabajar con tres desventajas estructurales básicas: primero, enfrentan un ciclo económico más frágil caracterizado por desaceleraciones, choques inflacionarios y los estragos del COVID-19, segundo, el mercado laboral está mucho más segmentado por el incremento de la “gigeconomy” con contratos temporales o subcontratación y con trabajos temporales, flexibles y/o por encargo; y por último, enfrentan altas desigualdades intergeneracionales, ya que gran parte del aumento del valor de los activos (vivienda, acciones) ya fue absorbido por las generaciones de mayor edad.


El propio Employment Outlook 2025 de la OCDE da cuenta de que en los países miembros del organismo las dinámicas de ingreso y riqueza de los jóvenes se han quedado atrás frente a las cohortes mayores debido a que los adultos se benefician de décadas de acumulación de activos, mientras que los jóvenes enfrentan salarios estancados y vivienda cada vez más cara. (OCDE, 2025).


Debemos recordar que, tras la pandemia, los jóvenes fueron el grupo de edad más golpeado por el desempleo. Datos del Foro Económico Mundial muestran que la tasa de desempleo juvenil se disparó más que la de otros grupos etarios debido a que la Gen Z está sobrerrepresentada en los sectores de servicios, turismo y comercio, los sectores más afectados (WEF, 2021).


Según datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), 47.6 por ciento de las personas entre 15 y 29 años, es decir, casi la mitad de la generación Z en el país, está fuera del mercado laboral y la mayoría son mujeres (Liera, 2025)que no solo tienen dificultades para encontrar trabajo, sino que también existe un desaliento por no encontrar oportunidades viables.


La OCDE calcula que la proporción de jóvenes entre 15 y 29 años en México que no estudian ni trabajan ronda el 20 por ciento, muy por encima del promedio de los países miembros, que está cercano al 12.5 por ciento (OCDE, 2025). Este dato pone en evidencia que millones de jóvenes están atrapados entre la informalidad, la dependencia de sus familias y la imposibilidad de acumular experiencia laboral en un empleo estable.


Incluso para los centennials que sí logran emplearse, la situación es complicada, como lo muestra un estudio sobre la generación Z en México del INEGI, donde dos terceras partes de los jóvenes ocupados trabajan en la informalidad, es decir, sin seguridad social ni prestaciones, y que el grupo poblacional de 15 a 24 años fue el único que perdió empleos netos este año, mientras los adultos mayores ganaban.

Más de 400 mil jóvenes perdieron sus empleos este año, mientras que el grupo de 25 a 44 años creció en 318 mil puestos, los trabajadores de 45 a 64 años aumentaron 203 mil personas e incluso los adultos mayores de 65 y más crecieron en puestos de trabajo en 78 mil, dejando a los jóvenes como el único grupo que perdió fuerza laboral en 2025 (Márques F., 2025).

Otro fenómeno que enfrentan es el deterioro del poder adquisitivo, que no es exclusivo de México, ya que el informe de empleo de la OCDE destaca que el encarecimiento de la vivienda ha beneficiado sobre todo a los propietarios, que suelen ser personas de mayor edad, mientras que los Gen Z enfrentan barreras crecientes para adquirir vivienda y acumular riqueza.

La paradoja interesante se presenta cuando parece ser que, a pesar del escenario, la Gen Z está más interesada en herramientas financieras.

Estudios globales muestran que una proporción creciente de jóvenes comienza a invertir antes de los 18 años, especialmente en países como Estados Unidos, Canadá o Reino Unido, impulsados por aplicaciones de bajo costo y contenido financiero en redes sociales (CFA Institute, 2023).

El informe de CFA Institute sobre Gen Z e inversión muestra que estos jóvenes suelen priorizar metas como el fondo de emergencias y el ahorro para retiro, y utilizan las redes sociales, los buscadores y a la familia como principales fuentes de información financiera.


También, encuestas recientes señalan el aumento creciente que ya invierte en mercados de capitales a través de plataformas digitales con una alta presencia de criptomonedas, que más que una “moda tecnológica” es una respuesta ante el entorno en el que viven, en donde el uso de la tecnología reduce las barreras de entrada para abrir una cuenta de inversión desde el móvil, invirtiendo pequeñas cantidades sin exceso en las comisiones; y con información y “tips” constantes para aprender a ser un buen inversionista que llegan desde TikTok o Instagram.


Como es de esperarse, en México este fenómeno va más lento debido a la menor inclusión financiera y la amplia brecha digital en amplios sectores de la población, pero empieza a replicarse el uso de apps de ahorro e inversión automatizadas.

La pregunta que surge es si esta adopción tecnológica se traduce en estrategias sólidas que les ayuden a enfrentar su precarización o es una bomba de tiempo ante la volatilidad del trading y las criptodivisas, sumado a una baja educación financiera que, aunque es mayor que en otros sectores de la población, sigue siendo un problema en México.


Por último, también es importante decir que esta cohorte no solo busca mejores salarios, sino también estabilidad emocional, salud mental, flexibilidad laboral y alineación con causas sociales y ambientales. De acuerdo con el Deloitte Global Gen Z and Millennial Survey 2025, los centennial no están dispuestos a sacrificarlo todo por “el trabajo de toda la vida”, entre otras cosas porque ya no creen que ese trabajo exista (Deloitte, 2025).


Definitivamente, no tiene un futuro más fácil, ya que, aunado a todo lo anterior, se debe sumar el envejecimiento demográfico que ya presiona las finanzas públicas y los sistemas de pensiones, lo que implica que las generaciones jóvenes cargarán con más impuestos para mantener a un mayor número de “viejos” y con una reducción significativa en otros ramos del gasto de gobierno como educación, ciencia y tecnología o infraestructura para cubrir esta necesidad creciente.


También enfrentan que los precios de la vivienda y otros activos se han disparado, beneficiando a quienes ya eran propietarios, pero cerrando la puerta a los más jóvenes.


Para ellos, un trabajo estable y de largo plazo se vuelve más escaso, mientras se generalizan la “gigeconomy” y los trabajos temporales en combinación con una alta informalidad y una estabilidad económica más frágil de lo que enfrentaron los jóvenes X o millennials en su momento.


Pero hoy en día “los nativos digitales” cuentan con herramientas que pocos soñaron siquiera en épocas pasadas para enfrentar estas circunstancias; tienen a su disposición tecnológica e información para aprender finanzas, programar, em-prender, invertir o trabajar.


Son más previsores que sus antecesores; de hecho, muchos ya a temprana edad se preocupan por ahorrar, están más conscientes de las desigualdades que les tocó vivir, pero sobre todo esta sensibilidad los convierte en una fuerza de cambio que tarde o temprano se convertirá en demandas sociales y presión política que genere cambios institucionales en materia de combate a la desigualdad, cambio climático y mayor justicia social si saben canalizar esa energía y fuerza imparable de los jóvenes.

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*Doctorado en Administración Estratégica; maestrías en Economía y en Administración de Empresas; maestro investigador de UAdeC y profesor de tiempo completo; analista especializado en finanzas y negocios; desde hace 24 años diseña el Resumen Económico de La Laguna para El Siglo de Torreón; dirige una microempresa de análisis económico y político; consultor de empresas certificado.

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