Alejandro Romero Barrios.
Toda narrativa de “grandeza recuperada” expresada por México siempre debe contener una reflexión, porque romantizar el pasado sin planear el futuro puede ser una trampa. México no necesita regresar a ninguna época, ni al esplendor precolombino, ni a la Revolución Mexicana, ni al “milagro mexicano”. Porque la pregunta correcta no es cuándo fue grande México, sino qué impide que lo sea ahora y qué modelo de grandeza es viable en el siglo XXI.

Objetivamente, México tiene los ingredientes para lograrlo: Es la 12ª economía mundial, tiene 130 millones de habitantes (mercado interno considerable), frontera con la mayor economía del planeta, costas en dos océanos, recursos naturales diversos, una diáspora de 40 millones en EE.UU. con poder adquisitivo, industrias competitivas (automotriz, aeroespacial, electrónica), y una ubicación geográfica privilegiada en la reconfiguración de cadenas de suministro globales.
Y sin embargo, persiste la mediocridad institucional, la violencia endémica, la pobreza estructural, la desigualdad obscena. ¿Por qué?
LOS LASTRES ESTRUCTURALES: DIAGNÓSTICO SIN ANESTESIA
1.Estado de derecho inexistente
No hay grandeza sin ley que funcione. México tiene un sistema de justicia colapsado: 95% de los delitos quedan impunes, los juicios duran años, las cárceles son escuelas del crimen. Esto no es solo un problema moral, es económico: desalienta inversión, encarece costos (seguridad privada), y permite la captura del Estado por el crimen organizado. Cuando un empresario debe pagar “derecho de piso” y un gobernante negocia con carteles, no hay Estado sino feudos.
- Educación mediocre y desvinculada
México invierte cerca del 5% del PIB en educación, pero los resultados son desastrosos. En pruebas PISA, está en el fondo de la OCDE. Más grave: el sistema educativo no responde a las necesidades del siglo XXI. Se gradúan abogados y administradores en masa, mientras faltan ingenieros, técnicos especializados, programadores. Corea del Sur hace 60 años era más pobre que México; hoy es potencia tecnológica. La diferencia: apostó por educación técnica de clase mundial y meritocracia brutal. - Informalidad económica endémica
Más del 55% de la población trabaja en la informalidad. Esto significa sin prestaciones, sin seguridad social, sin pago de impuestos, sin capacidad de ahorro o crédito. Es un círculo vicioso: el Estado no recauda suficiente (México tiene de las cargas tributarias más bajas de la OCDE: 16% del PIB vs 34% promedio), por lo tanto no puede invertir en infraestructura, salud o educación, lo que perpetúa la informalidad. Mientras tanto, grandes corporaciones negocian exenciones fiscales. El sistema premia al informal pequeño y al formal grande, estrangulando a la clase media productiva. - Captura institucional y corrupción sistémica
No se trata solo de políticos robando (que los hay), sino de un sistema donde las reglas formales no importan. Permisos que dependen de “mordidas”, licitaciones amañadas, regulaciones que protegen monopolios, sindicatos que extorsionan empresas. Transparencia Internacional ubica a México en el lugar 126 de 180 en percepción de corrupción. Ningún país corrupto es próspero a largo plazo. - Dependencia y vulnerabilidad energética
México tiene petróleo pero importa gasolina. Tiene sol y viento pero quema combustóleo. Pemex es un agujero negro fiscal (pasivos por más de 100,000 millones de dólares) y CFE es ineficiente. La transición energética global es inevitable; México puede liderarla en América Latina o quedarse vendiendo el activo del siglo XX (hidrocarburos) mientras el mundo avanza al XXI (renovables, hidrógeno verde).
II. LA AGENDA DE LA GRANDEZA: QUÉ HACER
Ninguna nación se transforma con retórica, sino con decisiones difíciles y sostenidas en el tiempo. Esto requiere pactos que trasciendan sexenios. Aquí, una hoja de ruta sin ilusiones:
A. ESTADO DE DERECHO: PRIORIDAD ABSOLUTA
Sin esto, nada más funciona. Implica:
Reforma judicial profunda: juicios orales que funcionen, especialización de jueces, blindaje contra captura política y criminal. Esto implica salarios competitivos para jueces y fiscales (para evitar corrupción) y evaluación por desempeño.
Profesionalización policial: disolver policías muncipales (capturadas por el crimen) y crear cuerpos estatales robustos con inteligencia real, no solo militar. Modelo: Carabineros de Chile o Policía Nacional de Colombia post-reforma.
Combate a la impunidad financiera: perseguir el dinero del crimen, no solo a los sicarios. Esto requiere cooperación internacional, tecnología forense contable y fiscales sin miedo.
B. REVOLUCIÓN EDUCATIVA
Reorientar la educación hacia habilidades del siglo XXI: programación, pensamiento crítico, inglés obligatorio desde primaria. Corea y Singapur lo hicieron; México puede.
Expansión masiva de educación técnica: no todos deben ir a la universidad. Alemania tiene un sistema dual (escuela-empresa) que genera técnicos de clase mundial. México necesita 500,000 técnicos en manufactura avanzada, logística, energías renovables.
Meritocracia sin concesiones: acabar con plazas heredadas, sindicatos que bloquean evaluación, universidades que son estacionamientos de jóvenes. Becas masivas pero condicionadas a desempeño.
C. FORMALIZACIÓN Y PACTO FISCAL
Simplificar el sistema tributario: que pagar impuestos sea fácil y que evadir sea costoso. Digitalizar todo, al estilo de Estonia (trámites gubernamentales 100% en línea).
Ampliar la base tributaria sin asfixiar a la clase media: gravar más a grandes fortunas (México tiene baja tributación a herencias y capital), cerrar huecos fiscales corporativos, combatir facturación falsa.
Incentivos a la formalización: reducir costos de contratar formalmente, acceso a crédito para PYMEs formales, seguro de desempleo que dé red de protección sin generar dependencia.
D. INFRAESTRUCTURA DEL SIGLO XXI
Logística competitiva: México necesita ferrocarriles de carga modernos (solo el 15% de la carga va por tren vs 40% en EE.UU.), puertos de aguas profundas, aduanas eficientes. China invierte 8% del PIB en infraestructura; México menos del 2%.
Conectividad digital universal: internet de alta velocidad en todo el país. No es lujo, es infraestructura básica como el agua o la electricidad.
Transición energética estratégica: solar en el norte, eólica en istmos, hidrológica en el sur. México puede ser potencia en energía limpia, no reliquia petrolera.
E. POLÍTICA INDUSTRIAL INTELIGENTE
El nearshoring es oportunidad única, pero requiere estrategia:
Identificar sectores estratégicos: semiconductores, vehículos eléctricos, dispositivos médicos, aeroespacial. No todo, pero sí lo que tenga mayor valor agregado.
Clústeres regionales especializados: Jalisco-tecnología, Querétaro-aeroespacial, Nuevo León-manufactura avanzada, Yucatán-agroindustria.
Conectar universidades-empresas-gobierno.
Evitar la trampa de la maquila: no basta atraer empresas; hay que subir en la cadena de valor. Corea empezó ensamblando, hoy diseña. México debe exigir transferencia tecnológica, desarrollo de proveedores locales, centros de I+D.
F. COHESIÓN SOCIAL Y COMBATE A LA
DESIGUALDAD
Política social eficiente, no clientelar: programas condicionados a educación y salud (modelo Oportu-nidades/Prospera), no reparto de efectivo sin contra-prestación.
Salud universal de verdad: Invertir en infraestructura hospitalaria, medicamentos, formación de médicos. Costa Rica gasta menos que México per cápita pero tiene mejores resultados porque su sistema es eficiente y universal.
Vivienda digna y ciudades habitables: México tiene ciudades caóticas, transporte público deficiente, viviendas alejadas de centros laborales. Invertir en transporte masivo (metro, metrobús, ciclovías) y desarrollo urbano ordenado.
III. LAS CONDICIONES DEL ÉXITO: PACTOS Y REALISMO
Nada de esto ocurre sin:
- Pacto político transexenal: las reformas estructurales requieren 15-20 años de implementación consistente. Necesitan consenso entre partidos, empresarios, sindicatos, academia. Chile lo logró post-Pinochet; México necesita su versión democrática.
- Liderazgo sin mesianismo: no hay soluciones mágicas ni caudillos salvadores. México necesita instituciones fuertes, no personas fuertes. Presidentes que ejecuten, no que prometan la luna.
- Sociedad civil activa: un Estado no se reforma solo desde arriba. Necesita ciudadanos que exijan, medios que investiguen, empresarios que inviertan con visión de largo plazo, universidades que generen conocimiento útil.
- Realismo geopolítico: México no será potencia militar ni hegemón regional. Pero puede ser potencia económica mediana, socio confiable, ejemplo de democracia funcional en América Latina. Esa es grandeza suficiente.
IV. CONCLUSIÓN:
GRANDEZA ES CONSTRUIR, NO PROCLAMAR
Hacer a México grande no es eslogan electoral sino proyecto generacional. Implica abandonar narrativas autocomplacientes (la Conquista como explicación de todo, el nacionalismo hueco, la obsesión con el petróleo) y abrazar pragmatismo radical.
Los países que hoy admiramos —Corea, Irlanda, Singapur, Chile en su momento— no llegaron ahí por recursos naturales o tamaño, sino por decisiones: invertir en educación, construir instituciones confiables, integrarse inteligentemente al mundo, combatir la corrupción sin piedad.
México tiene ventajas que esos países no tuvieron: mercado interno enorme, cercanía a EE.UU., talento humano (la diáspora mexicana en EE.UU. incluye desde premios Nobel hasta empresarios multimillonarios). Lo que falta no es capacidad, sino voluntad y visión.
La grandeza no se declama, se construye. Ladrillo a ladrillo, reforma tras reforma, generación tras generación. Y se mide no en discursos, sino en resul-tados: ¿Disminuyó la violencia? ¿Mejoró la educación? ¿Creció la clase media? ¿Funciona la justicia? ¿Se respetan los derechos?
Esas son las preguntas. Las respuestas están por escribirse.
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