Por: María Dolores Otero Cerdeira
Durante años, el discurso educativo ha centrado la problemática en el alumno: su falta de atención, disciplina o compromiso. Sin embargo, esta explicación resulta insuficiente si no se observa un fenómeno más amplio: el deterioro de las prácticas formativas no es exclusivo del estudiante, sino que también alcanza al propio docente cuando, en procesos de actualización o formación, reproduce las mismas conductas que cuestiona. Esta situación evidencia que no se trata de una falla individual, sino de un problema social que impacta de manera estructural al sistema educativo.
En este contexto, se vuelve evidente una crisis que va más allá del aula. La falta de comprensión lectora, el abandono de la lectura, la escasa disciplina, la inmediatez, la ausencia de hábitos de estudio y el exceso de distractores configuran un escenario que debilita la formación académica. A ello se suma un elemento cada vez más relevante: el desgaste de la vocación docente, afectada por cargas burocráticas y por dinámicas complejas con alumnos y padres de familia que, en ciertos casos, ponen en riesgo la labor educativa. Todo esto contribuye a una formación deficiente que no puede entenderse de manera aislada, sino como resultado de múltiples factores interrelacionados.
En la educación tradicional predominaban reglas claras, la autoridad del docente y rutinas estrictas, lo que generaba:
•Más orden en el aula
•Hábitos de estudio más constantes
•Menos distracciones externas
•Priorización de habilidades como la lectura comprensiva, la escritura formal y el cálculo matemático, lo que permitía desarrollar bases académicas firmes
•Mayor concentración sostenida
El docente en la escuela tradicional era visto como una figura de autoridad incuestionable, lo que facilitaba el control del grupo y el cumpli-miento de objetivos. En la actualidad:
•El rol del maestro es más horizontal
•Se promueve el pensamiento crítico, pero
•Existen mayores desafíos en disciplina y respeto institucional
Antes, el sistema educativo enfrentaba menos variables como:
•Problemas socioemocionales visibles
•Inclusión de múltiples estilos de aprendizaje
•Sobrecarga de información
En la actualidad, el docente diseña clases bajo una lógica de profundidad (analizar, reflexionar, argumentar), mientras que el alumno vive en un entorno de estímulos rápidos dominado por plataformas como TikTok, Instagram o YouTube, lo que lleva a los alumnos a no poder pensar de forma crítica por no estar entrenados para ese esfuerzo.
Antes, el docente era considerado el centro del conocimiento; ahora es un mediador, lo que provoca:
•Menor disposición para la escucha
•Cuestionamiento constante (a veces sin fundamento)
•Falta de compromiso si no hay motivación inmediata
•El alumno no ve relevancia inmediata ni tiene las bases para responder al nivel que se le pide
Existe una ruptura importante entre lo que se supone que el alumno ya debería saber y lo que realmente sabe hacer. No es un problema individual del alumno ni del docente: es un problema acumulativo del sistema.
En los sistemas educativos actuales se prioriza que el alumno “avance” de grado, aunque no haya consolidado habilidades clave, generando que los estudiantes arrastren vacíos en comprensión, redacción y análisis. Los sistemas han transitado hacia modelos más flexibles, pero no siempre se implementan correctamente y, en ocasiones, se confunden con una disminución de la exigencia.
Consecuencias:
•Menor rigor en habilidades básicas
•Mayor dificultad cuando se exige análisis real
El sistema debería:
•Incrementar gradualmente la exigencia
•Asegurar el dominio antes de avanzar
Por lo tanto el docente universitario termina enfrentando alumnos con nivel formal alto, pero habilidades básicas débiles.
Hoy influyen más que antes factores como:
•Ansiedad
•Baja tolerancia a la frustración
•Falta de hábitos de estudio
•Entornos familiares y sociales complejos
Muchas políticas buscan que el alumno permanezca en el sistema, aunque no domine completamente los contenidos. El problema es que se prioriza la permanencia sobre el aprendizaje. Se elimina la reprobación, pero no se fortalece el apoyo académico.
Entonces se puede decir que:
•El alumno pasa sin dominar
•El siguiente docente asume que sí sabe
•Y el rezago se acumula
Lo que se vive en las aulas es la consecuencia directa de:
•Alumnos que avanzan sin bases
•Resistencia a la exigencia
•Dificultad para evaluar con rigor
Esto obliga a reintroducir la exigencia dentro de las aulas de todos los niveles educativos.
El docente tradicional formaba para un mun-do estable y estructurado; el docente actual for-ma para un mundo cambiante y complejo. Sin embargo, el problema actual es que se adoptó el modelo moderno sin conservar elementos valiosos del modelo tradicional, como:
•Disciplina
•Rigor
•Bases sólidas
El alumno actual tiene dificultades para tra-bajar por competencias debido a deficiencias formativas previas, no por incapacidad en sí misma.
El ejercicio docente hoy se percibe más vulnerable y, en algunos contextos, menos valorado. Actualmente, el docente enfrenta:
•Mayor cuestionamiento de su autoridad (por estudiantes y, a veces, por familias)
•Sobrecarga administrativa y burocrática
•Expectativas múltiples: enseñar, contener emocionalmente, innovar y evaluar por compe-tencias
•Exposición pública (grabaciones, redes sociales, denuncias inmediatas)
En algunos contextos específicos se han pre-sentado casos de:
•Agresiones a docentes
•Amenazas o conflictos con estudiantes o familias
La percepción de riesgo influye considerable-mente:
•El docente evita confrontar
•Reduce el nivel de exigencia
•Prefiere no escalar conflictos
El estudiante actual, muchas veces:
•Arrastra vacíos académicos
•Se enfrenta a exigencias que no puede cumplir
•Tiene baja tolerancia a la frustración
Esto puede derivar en:
•Resistencia
•Apatía
•Conductas disruptivas
Coloca al docente en una posición compleja:
•Exigir puede generar conflicto
•No exigir genera rezago
El docente tradicional:
•Tenía autoridad clara
•Menos funciones adicionales
•Mayor control del grupo
El docente actual:
•Debe negociar, mediar y adaptar constan-temente
•Trabaja en contextos más complejos
•Tiene menos margen para imponer
El reto no es exigir menos ni asumir impo-sibilidad, sino:
•Establecer límites claros (autoridad pedagó-gica)
•Estructurar actividades que obliguen a pensar sin confrontación directa
•Recuperar el control académico sin entrar en conflicto personal
De lo anterior se puede concluir que a proble-mática educativa actual no puede atribuirse de manera aislada ni al alumno ni al docente; es el resultado de un proceso acumulativo en el que las decisiones del sistema han privilegiado la permanencia sobre el aprendizaje efectivo. La transición hacia mode-los educativos más fle-xibles y centrados en el estudiante ha sido necesaria, pero su imple mentación incompleta ha generado una pérdida de rigor y de bases funda-mentales.
El desafío contemporáneo radica en encontrar un equilibrio: recuperar los elementos estructurales del modelo tradicional —disciplina, exigencia y formación sólida— sin renunciar a las competencias críticas y adaptativas que demanda el mundo actual. Solo mediante una combinación de exigencia progresiva, acompañamiento pedagógico y fortalecimiento institucional será posible revertir el rezago y reconstruir un sistema educativo que no solo incluya, sino que verdaderamente forme.
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