En estos momentos al igual que gira el balón, el esférico, la pelota, la bola o como cada quien guste nombrar al balón de fútbol soccer, de igual manera gira en México una cifra inevitable de olvidar sobre un tema que —entre otros—, debiera ser prioridad: más de 134 mil personas desparecidas al 9 de junio pasado, dos días antes de la inauguración de la Copa Mundial de la FIFA 2026.
El grave tema de las desapariciones forzadas en nuestro país que en su momento llamó la atención mundial —aunque no tanto como la justa deportiva—, no debe separarse de la agenda política, financiera y mediática, amén de que sin duda está permanentemente presente entre la sociedad civil, la ciudadanía, en las y los de a pie, en aquellas madres buscadoras a quienes la presidenta Claudia Scheinbaum no ha recibido en lo que va de su mandato, al igual que tampoco han sido prioridad para quienes gobiernan los estados y municipios.
Apreciable lector y lectora: en este momento que nos estás leyendo aquí en Dossier Informativo Mx, ya estamos en pleno Mundial 2026, la justa deportiva con más aficionados en el mundo y que en nuestro país tiene como sede principal a la Ciudad de México en donde los registros arrojan la escalofriante cifra de más de 10 mil mujeres desaparecidas y 12 mil 889 hombres desaparecidos; son más de 22 mil personas en total.
En la CDMX, la capital del país, al unísono de la euforia de propios y extraños por el fútbol desde la víspera de la inauguración, se entrelazaron inevitablemente las desgarradoras voces de las Madres Buscadoras quienes exigen al gobierno algo muy sencillo: que las autoridades cumplan con lo que les mandata su responsabilidad, que localicen a sus familiares desaparecidos(as).
Es necesario no perder el contexto en el que se lleva a cabo esta justa deportiva. De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas al 9 de junio del 2026 (2 días antes de la inauguración), en nuestro país hay 134 mil 870 personas, de las cuales 29 mil 237 son mujeres. Tan sólo en la Ciudad de México —la principal sede mundialista en nuestro territorio—, son 10 mil 010 las mujeres desaparecidas y 12 mil 889 son hombres. En las otras sedes de “El Mundial”, son 5 mil 855 las mujeres desaparecidas en Jalisco y 10 mil 621 mujeres en Nuevo León.
Como ya lo comentábamos en la columna anterior (Dossier Informativo Mx #92), se trata de un asunto muy grave que nos atañe como país y que provocó la reciente decisión del Comité contra la Desaparición Forzada (CED) de la ONU, de remitir la situación de desapariciones en México a la Asamblea General de las propias Naciones Unidas, en el marco del artículo 34 de la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas, lo que hasta la fecha ha generado un intenso debate público, político y mediático.
La referencia del CED de la posible existencia de un contexto de desapariciones que podría constituir indicios de crímenes de lesa humanidad, así como el llamado a la comunidad internacional para fortalecer acciones de prevención, investigación y erradicación, representa un hecho de alta relevancia jurídica, diplomática y social. Mismo que ha sido ignorado por el gobierno.
Regresando a “la cancha de El Mundial”, desde la víspera al arranque de la justa deportiva, las Madres Buscadoras de sus hijas e hijos desaparecidos se manifestaron pacíficamente; hicieron plantones, veladas en sitios estratégicos como el Ángel de la Independencia y marchas nocturnas. Con su gran capacidad de resiliencia y —apoyadas por otras colectivas—, las imparables Madres Buscadoras fueron el único grupo que el jueves 11 de junio logró llegar hasta una de las puertas de nuestro Estadio Azteca, hoy Estadio Ciudad de México, a donde por una u otra razón no lograron ni acercarse los grupos de la CNTE, campesinos, personal de salud, transportistas y otros más, todos inconformes con el gobierno.
Ellas, las Madres Buscadoras, salieron a las calles de la capital a visibilizar lo que está sucediendo en nuestro país y a reclamar por la inacción del gobierno de la transformación ante una problemática que además de las cifras ya aquí mencionadas del número de personas desparecidas, hay que sumarle la de más de 70 mil cuerpos sin ser identificados que hoy permanecen bajo el resguardo del Estado Mexicano.

Millonada para El Mundial
Y si nos vamos a la numeralia en montos de inversión, retomo la opinión de la periodista oaxaqueña Soledad Jarquín Edgar quien analizó los casi 40 mil millones de pesos invertidos en obras de infraestructura en las tres ciudades sedes en nuestro territorio para efectos de El Mundial: Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.
Millones de personas -enfatizó la colega-, hombres la mayoria, se divertirán y disfrutarán con los 13 partidos que se juegan en territotio nacional; 13 también en Canadá y 78 en EE.UU.


Con su gran habilidad para destacar los puntos clave, aunque frustrantes como en este caso, Soledad Jarquín hizo ciertas cuentas: Dada la inversión anunciada oficialmente, cada uno de los 13 partidos que se lleven a cabo en las sedes mexicanas costará promedio de casi tres mil millones de pesos, a saber: Guadalajara cuatro partidos, Monterrey cuatro partidos y Ciudad de México cinco.


“Ésa es la razón del enojo de quienes hoy siguen protestando en las calles, en específico las madres buscadoras y las madres de mujeres víctimas de feminicidios, dos fenómenos que evidentemente no gozan de ningún tipo de empatía por parte de quienes ostentan el poder político y el poder económico, ello desde que ambos problemas se hicieron evidentes en nuestro país muchos años atrás”, afirmó la periodista oaxaqueña.


Y precisó: “si cada selección de fútbol ha llegado a los tres países con un promedio de 25 jugadores, quiere decir que son apenas mil 200 deportistas en 48 equipos. Para darnos sólo una idea y entender la magnitud del problema de las más de 134 mil personas desaparecidas en México, éstas conformarían 5 mil 360 equipos de fútbol”.


Y yo me pregunto si en nuestro amado México tenemos conciencia real de esas dramáticas y escalofriantes cifras, compartiendo aquí en la columna el respetuoso ejercicio numérico de Soledad comparándolas con equipos de fútbol.


“Y así lo plantearon públicamente las integrantes de los colectivos” nos reiteró la periodista oaxaqueña, quien también es activista y defensora de derechos humanos. Y agregó: “hubo dinero de sobra en inversiones públicas y privadas para ejecutar 13 partidos, ni pujaron las autoridades mexicanas que aceptaron el mundial y mucho menos quienes asumieron la responsabilidad.

Lo grave, para lo que no ha habido y seguramente ni habrá dinero, es para construir servicios forenses dignos donde se puedan depositar, conservar e identificar los restos de personas que se han sido encontradas o para dignificar ese espacio donde las madres o padres de las mujeres asesinadas tienen que identificar a sus hijas/hijos a lo largo y ancho del país. ¿Cuántos semefos en México cuentan con las condiciones adecuadas para mantener un cadáver?”.


La voz siempre aguerrida y certera de Soledad Jarquín les debe retumbar en los oídos: “Hay dinero de sobra para chulear las ciudades sedes de El Mundial, pero no para adquirir tecnología de punta para localizar a mujeres y hombres desaparecidos, incluyendo a la compañera periodista veracruzana sustraída con violencia el 2 de junio pasado de su casa, Roxana Guzmán Ramìrez y tantas otras personas. Increíble pero cierto, no hay dinero para hacer campañas que nos hagan sensibles ante el dolor de las familias, menos para prevenir, atender, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres como se mandata en la normativa nacional e internacional y que arroja como resultado el alto costo en promedio de tres mil feminicidios por año”.


En su análisis Soledad concluye de forma categórica: “En México se puede ser sede de un Mundial de Fútbol, pero nunca se accionan mejoras en las instituciones que nos permitan contar con equipos de investigación para detener y procesar a los perpetradores porque —entre otras—, una de las razones de la impunidad que priva en las fiscalías federal y de los estados, así como en los poderes de justicia, es la corrupción, derivada de la ambición y la codicia de sus integrantes, pero también de la precariedad salarial, por cierto, ninguna justificable”.

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