Mientras Morelos se hunde, la gobernadora Margarita González Saravia sigue repartiendo migajas: promesas vacías, discursos ensayados y una gestión que traiciona punto por punto los tres principios que le heredó el hombre que la puso en el cargo, Andrés Manuel López Obrador: no mentir, no robar y no traicionar.
¿Qué hay de real en su gobierno? El alza del pasaje golpea a los trabajadores. Los turistas brillan por su ausencia. La inversión que presume en tribuna no se traduce en un solo empleo formal verificable. La seguridad es un simulacro. Las estudiantes de la UAEM siguen exigiendo justicia. Y el aeropuerto tan anhelado sigue siendo lo que siempre fue: un sueño de campaña convertido en polvo de micrófono.
El cierre que debería avergonzar a Margarita
En Cuautla, la Universidad Stratford bajó la cortina después de 36 años de historia. No fue la competencia. No fue la crisis económica. Fue el miedo. Su fundadora lo dijo con la voz quebrada en la última graduación: la violencia y la extorsión hicieron insostenible seguir educando en Morelos. Un colegio que formó generaciones de cuautlenses se convirtió en la primera institución educativa del municipio en cerrar públicamente por inseguridad. ¿Cuántos negocios más tendrán que apagar las luces para que la gobernadora entienda que su discurso de “Morelos seguro” es, presuntamente, una fantasía de conferencia matutina?
Una Secretaría de las Mujeres que llega tarde, siempre tarde
Paula Fajardo rompió diez años de silencio y expuso en video los golpes de su expareja. ¿Y el gobierno de Margarita? Ausente. Ni la gobernadora ni la Secretaría de las Mujeres de Clarisa Gómez Manrique movieron un dedo hasta que el caso se hizo viral. Semanas después, con el agresor prófugo y amparado, Paula sigue exigiendo justicia mientras el hostigamiento continúa. Su denuncia es clara: el gobierno le falló. No hubo protección preventiva, hubo reacción cosmética después de la presión en redes sociales.
El patrón se repitió con el caso de Víctor Rodríguez Padilla, exdirector de Pemex, detenido apenas la semana pasada por presunta violencia familiar y vicaria contra su esposa en Emiliano Zapata. La carpeta de investigación se abrió el mismo día que el video se volvió viral, no antes. La lección morelense es siempre la misma: la Fiscalía no investiga, reacciona. Actúa cuando hay cámara, cuando hay clic, cuando hay indignación nacional. Sin viralización, no hay expediente. Así también ocurrió con el caso de Paloma Madrid, otra mujer golpeada por su pareja que tuvo que exhibirse públicamente para que las instituciones voltearan a verla.
¿Dónde está la política de prevención? ¿Dónde está la secretaria que debería anticiparse, no aparecer después del escándalo con una pulsera de pánico y un comunicado de “atención integral”? Las mujeres de Morelos no necesitan reacciones de última hora. Necesitan un gobierno que no las abandone hasta que se vuelvan tendencia.
Empleo de mentiritas, economía de sobrevivencia
El secretario de Economía habla de “emprendimiento” en cada rueda de prensa, pero lo que describe en realidad es sobrevivencia disfrazada de discurso motivacional. No hay empresas nuevas generando empleo formal. Hay comercios que cierran por extorsión, familias que abren changarros por necesidad y un gobierno estatal que confunde la informalidad con desarrollo económico. Mientras tanto, los asaltos y robos a transeúntes y negocios se han vuelto rutina en varios municipios, una realidad que contradice cada cifra optimista repetida en tribuna.
El costo de las migajas
No hay gobernabilidad en Morelos. Lo que hay es una gobernadora que prefiere la pachanga a la responsabilidad, que delegó el estado entero en manos de Javier García Chávez, “El Gato”, su jefe de gabinete, quien araña los cajones de la administración pública mientras coordina a secretarios improvisados, sin experiencia, elegidos por compadrazgo, por amistad y por compromisos políticos que no le sirven al pueblo morelense absolutamente en nada.
Unos cuantos hacen negocios millonarios. Los demás pagan la factura: la pagan las víctimas de violencia familiar que esperan meses por una orden de protección, la pagan los empresarios que cierran después de décadas de trabajo, la pagan los jóvenes que no encuentran empleo formal, la pagan las familias que ya no salen de noche.
Margarita no solo está hundiendo a Morelos. Está hundiendo al movimiento histórico que construyó López Obrador y que hoy conduce la presidenta Claudia Sheinbaum. Cada mentira, cada promesa rota, cada escándalo que nace en Palacio de Gobierno mancha la bandera de la Cuarta Transformación.
Las migajas no alimentan a un pueblo. Y un gobierno que miente, que reparte favores entre cuates y que deja gobernar al Gato mientras la titular pasea, no merece llamarse transformación de nada.
Morelos merece más. Morelos exige más.
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Análisis publicado en nuestra edición #94 de la revista Dossier Informativo Mx.
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