En la capilla de Houston, los hijos del inmigrante mexicano lo recordaron con fotografías de su vida, música de Antonio Aguilar y el abrazo de una comunidad que se negó a dejar que el dolor lo borrara. Por dos horas, los reclamos al Gobierno perdieron relevancia.


HOUSTON. — No hubo discursos ni consignas. Tampoco reclamos al Gobierno federal. En la Gran Capilla de Forest Park Lawndale, en Houston, la familia de Lorenzo Salgado Araujo lo despidió este jueves con el silencio que solo se permite cuando el dolor es demasiado grande. Y con mariachis.

El inmigrante mexicano de 52 años, cuya muerte a manos de un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) el pasado 7 de julio conmocionó a la comunidad hispana de Estados Unidos, fue velado en una ceremonia que recordó su vida, no su muerte.

Dos pantallas proyectaban imágenes de su trayectoria: joven, con un sombrero vaquero blanco; abrazando a sus tres hijos; sentado junto a su esposa sobre un sofá tapizado con flores rosas, una cerveza en la mano. También aparecía frente a un árbol de Navidad, con su sonrisa inconfundible.

«Cuando recordamos a alguien, conectamos con su vida», rezaba uno de los mensajes que interrumpía el carrusel de fotos. «Cuando recordamos a alguien suele ser por las pequeñas cosas».

Al frente, el féretro. A un lado, un retrato grande de Lorenzo sonriendo. Y algunos instrumentos de construcción, un guiño a su oficio.


La música que lo despidió

El guitarrón y la guitarra de los mariachis en vivo retumbaron primero en la capilla. Luego sonaron canciones como Adiós, adiós y Qué falta me hace mi padre, de Antonio Aguilar. Una playlist pensada para una despedida a la mexicana, con rancheras que hablan de ausencias y de amores que no se olvidan.

El hijo mayor, Ronaldo Salgado, de camisa azul rayada, se mantuvo en la primera fila, recibiendo condolencias junto a su hermano Lorenzo Jr. y el menor de la familia, cuyo nombre no ha sido revelado. A Ronaldo se le vio suspirar profundamente, secarse algunas lágrimas tras abrazar a un amigo. Luego estrechó la mano de un agente de la Policía de Houston, que se acercó a dar el pésame.

Al otro lado del pasillo, la esposa de Lorenzo, vestida de luto, apenas se levantó en toda la ceremonia. Lo hizo solo para abrazar a un par de allegados y a la congresista demócrata Sylvia García, quien ha acompañado a la familia en su exigencia de una investigación transparente sobre el caso.


La ausencia de Víctor y el peso de la detención

Mientras el resto de la familia se despedía de Lorenzo, su hermano Víctor Salgado, detenido en el mismo operativo en el que murió Lorenzo, permanecía recluido en un centro del ICE al norte de Houston. No pudo asistir al velorio.

Los tres pasajeros que viajaban en la van junto a Lorenzo aquel 7 de julio —José Trinidad Rojas (51), Daniel Tirado Pantoja (43) y el propio Víctor Salgado (44)— continúan detenidos. El fiscal del condado Harris, Sean Teare, los certificó como testigos materiales de un crimen, lo que les permitiría acceder a un visado que los protegería de la deportación, aunque aún enfrentan un proceso incierto.


La polémica de las bolsas: ¿droga o sal?

El velorio ocurrió horas después de que el Buró Federal de Investigaciones (FBI) hiciera pública una orden de registro de la van de Lorenzo Salgado. La agencia afirmó que buscaba analizar el contenido de unas bolsas que, según su versión, contenían «sustancias parecidas a cristal». Sospechaban que podía tratarse de metanfetaminas.

La decisión de hacer pública esta solicitud es inusual, según el fiscal Sean Teare, con 20 años de trayectoria en el condado Harris:

«El hecho de que el gobierno federal haya hecho pública esta orden de registro es algo verdaderamente insólito en mis 20 años de trayectoria».

Teare desmintió la versión del FBI: «No creemos que se trate de drogas».

La abogada de inmigración de Víctor Salgado, Ruby L. Powers, defendió en un comunicado a EL PAÍS que su cliente le explicó que en las bolsas había sal granulada, una mezcla de electrolitos que los trabajadores combinan con limón y agua para mantenerse hidratados bajo el calor extremo de Texas.

«No es metanfetamina ni otra sustancia ilícita», precisó Powers. «Ningún resultado, cualquiera que sea, cambiará el hecho de que se usó fuerza letal en contra de Lorenzo».


El cierre: solo la familia

Dos horas después del inicio del velorio, Lorenzo Salgado Jr. tomó el micrófono. Agradeció a los presentes por haber acompañado a la familia en el dolor. Pidió que en la capilla solo quedara la familia.

Poco después, el hijo menor y algunos hermanos de Lorenzo se marcharon en camionetas con placas del consulado mexicano. La despedida pública había terminado.

No hubo más palabras. Solo el eco de las rancheras y el recuerdo de un hombre que cruzó la frontera buscando una vida mejor, y que encontró la muerte en una van camino al trabajo.

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Fuente: El País.

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