Recordando el México 2 – Inglaterra 3.

El Fan Fest de la Alcaldía Gustavo A. Madero atestiguó la noche del domingo 5 de julio del 2026, el adiós de México del Mundial
2026. Aunque la selección de Javier Aguirre tuvo a Inglaterra contra las cuerdas, un sucesivo y sorpresivo 2 a 0 desequilibró al TRI hasta que Julián Quiñones y Raúl Jiménez renovaron las esperanzas con recios goles. Luego un tercer disparo británico aceleró a la escuadra nacional que luchó a contrarreloj sin éxito. Tristes tantos, otros convirtieron el dolor en fiesta.

Si el Estadio Azteca, al sur  de Ciudad de México, es la Meca
de la mexicanidad futbolera; en el extremo opuesto de la capital
azteca, al pie de la Sierra del Tepeyac, la mexicanidad católica
viene hasta La Villa para pedir milagros y ayuda divina.


El domingo 5 de julio del 2026 llovió con furia en toda la mancha
urbana del Valle de Anáhuac, llovió tanto que el juego entre México e
Inglaterra se tuvo que posponer una hora para que las nubes lanzatruenos y las nubosidades henchidas de agua siguieran su lento paso hacia Xochimilco.


Aunque se celebró misa en la morada de la Virgen del Tepeyac al inicio del partido, a las siete de la noche, la liturgia tuvo poca concurrencia, no así el Fan Fest montado en el costado poniente de la Alcaldía Gustavo A. Madero donde, según sus organizadores, podían celebrar 30 mil aficionados, pero ahí, en gradas y cancha, no eran ni 8 mil los festejantes.

Crónica en imágenes.

Para chiquear el diente hay choripanes, tacos de lechón, banderillas de
arrachera, todo un arcoíris de tortas, tacos y pizzas, disponibles en cuarenta
casetas de comida y botana. Contados comen por la angustia luego que, en
un tris, y en forma sucesiva, Inglaterra abate la portería mexicana con
Jude Bellingham a los minutos 36 y 38. Dos ataques, dos goles que acallaron
a 80 mil en el Azteca y que corrieron como pólvora congelante en estas gradas.

La rubiedad en el Estadio Azteca fue apreciada con la transmisión de la Bestia Negra del gobierno federal: TV Azteca. Entre todas las paradojas
de los cuatroteístas es que en este evento masivo sea la empresa de Ricardo Salinas Pliego la que anime el momento. El enlace que surca los 26 kilómetros que hay entre Santa Úrsula y el Tepeyac pernitió escuchar y corear 13 veces el grito homofóbico que trata de prohibir la FIFA, así como el segundo himno del país que pide a todos el «Canta y no llores».

PIE DE FOTO
La noche terrible del portero mexicano Raúl Rangel, ya con tres
acribillamientos, se encandenó a varias negativas para pesadumbe
de los ensoñados del «Y si sí»:
No hay derrotas dignas.
No se tiene nivel para avanzar más en los mundiales.
No les afecta a los ingleses ni la altura ni las mañas para alterar su sueño.
No saben qué es «puto».
No juegan mal bajo lluvia, al contrario, una cancha húmeda es su hábitat natural.
No se les puede ganar a los ingleses con ataque aéreo ya que sus defensas son torres.
No se pensó en la posibilidad real de la derrota mexicana.
No se tuvo que lamentar muerte alguna en los festejos, para fortuna de todos.
No es cierta esa teoría de la conspiración que sostiene que Claudia Sheinbaum ya había comprado la victoria de México en el Mundial como se hizo con el triunfo de la tabasqueña Fátima Bosch Fernández en el pasado certamen de belleza Miss Universo.

El festejo que la afición esperó durante días y semanas no se concretó. La cultura pub y la bravuconería del rockero Liam Gallagher, vocalista de
«Oasis», se imponen como el tarro de cerveza que se estrella en el cráneo del rival. Angustiados, desesperados, con ojos lagrimantes, los
hijos de Hernán Cortés y Malinche intuyen que volverán a vivir una derrota futbolística más. Cuando termina el juego estallan crisis nerviosas y las lágrimas se fusionan con el entorno húmedo. Se pliegan banderas en un atroz silencio. Los más estoicos se van con su pena a otro lugar.  

PIE DE FOTO
El balón seguirá rodando, pero ya no más en México. Ahora lo hará en los reinos de Donald Trump. Lección aprendida: Se fue una oportunidad de oro
para avanzar en la justa mundialista que no se repetirá. No llueve después
de las nueve de la noche pero hay tormentas de dolor por doquier. Hay que
respetar esta pena. Volver al quizás.

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Por: Arturo M. Muciño. Periodista Independiente.

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