Por: Victor Daniel Santiago*
Bienvenidos estimados lectores, nos encontramos en el mes patrio “Septiembre” y como cada mes abordo temas de índole tecnológico compartiendo una perspectiva de ventaja y desventaja que nos brindan la tecnología en la actualidad, en esta ocasión me gustaría abordar la IA desde un punto de vista distinto al que conocemos, a continuación, mi análisis.
Ataques de ciberseguridad con IA: cuando el atacante también aprende
Durante años, la inteligencia artificial (IA) se presentó como una herramienta para fortalecer la ciberseguridad: detectar anomalías, identificar malware y responder con mayor rapidez.
Hoy existe otra realidad.
La misma tecnología que ayuda a defender una organización también puede utilizarse para mejorar un ataque. La diferencia frente al ciberdelito tradicional es que la IA permite automatizar tareas, personalizar engaños y reducir el tiempo necesario para ejecutar determinadas operaciones.
Europol (2023) ya advertía que los grandes modelos de lenguaje podían facilitar phishing, ingeniería social, desinformación y generación de código. Desde entonces, la evolución ha sido considerable.
La pregunta ya no es si la IA puede utilizarse para atacar, la evidencia demuestra que puede hacerlo.
La pregunta relevante es cuánto trabajo de una operación ofensiva puede llegar a realizar una máquina.
La evolución puede entenderse mejor observando algunos momentos clave:
La transformación puede resumirse en cinco palabras: Suplantar, generar, automatizar, coordinar, ejecutar.
Cuando escuchar ya no significa reconocer
Uno de los primeros indicadores de esta transformación fue la clonación de voz.
En 2019 se documentó un fraude en el que un ejecutivo recibió una llamada con una voz generada artificialmente que imitaba a un superior. El empleado creyó que la instrucción era legítima y se realizó una transferencia cercana a los 220,000 euros.
El caso mostró algo que hoy resulta todavía más relevante:
la voz dejó de ser una prueba suficiente de identidad.
La situación se volvió más compleja con los deepfakes.
En 2024, un empleado de una empresa en Hong Kong participó en una videoconferencia en la que aparentemente estaban presentes varios directivos. Las imágenes y voces habían sido manipuladas. El resultado fue la autorización de transferencias por aproximadamente HK$200 millones, equivalentes a unos 25.6 millones de dólares estadounidenses (Hong Kong Government, 2024).
El atacante no necesitó necesariamente romper el sistema financiero.
Consiguió que una persona autorizara la operación. El nuevo objetivo: la decisión humana
Aquí aparece uno de los cambios más importantes.
Un ataque tradicional puede intentar vulnerar: Red, servidor, aplicación, dispositivo.
Un ataque potenciado por IA puede buscar: Persona, confianza, decisión, autorización.
La IA puede producir un correo personalizado, imitar una voz, generar una imagen, construir un video o mantener una conversación.
Por ello, la ingeniería social adquiere una nueva dimensión.
ENISA (2025) analizó 4,875 incidentes ocurridos entre julio de 2024 y junio de 2025. El phishing, incluidos vishing, malspam y malvertising representó aproximadamente 60 % de los
vectores de intrusión inicial observados, mientras que la explotación de vulnerabilidades alcanzó 21.3 %.
El dato es relevante porque demuestra que, incluso antes de considerar las capacidades más avanzadas de IA, el factor humano continúa siendo una de las principales puertas de entrada. (ENISA)
La IA simplemente puede hacer que esa puerta resulte más atractiva para el atacante.
2025: la IA empieza a trabajar dentro del ataque
Durante 2025, Google Threat Intelligence identificó una evolución importante: los actores maliciosos dejaron de utilizar la IA únicamente como asistente para redactar o investigar y comenzaron a incorporarla en diferentes etapas de las operaciones ofensivas.
Entre las actividades observadas se encuentran: (reconocimiento de objetivos, generación de contenido para ingeniería social, desarrollo de malware, modificación de herramientas,
extracción de información, automatización de tareas.) (Google Threat Intelligence Group, 2025).
Esto modifica la lógica del ataque, Anteriormente: el atacante pensaba y la herramienta ejecutaba.
Cada vez más: el atacante establece el objetivo y la IA ayuda a decidir cómo avanzar. 2026: cuando aparece la verdadera preocupación
El concepto de agente de IA introduce un cambio todavía mayor. Un modelo generativo responde a una instrucción.
Un agente puede recibir un objetivo y ejecutar una secuencia de tareas utilizando diferentes herramientas.
Anthropic (2026) analizó 832 cuentas asociadas con actividad cibernética maliciosa entre marzo de 2025 y marzo de 2026. Encontró 13,873 observaciones de técnicas, distribuidas en las 14 tácticas de MITRE ATTsCK y 482 sub-técnicas.
Además, 69 % de los actores analizados utilizaron IA para desarrollar capacidades, principalmente relacionadas con malware. Anthropic también observó que la proporción de actores clasificados como de riesgo medio o superior aumentó de 33 % a 56 % entre la primera y la segunda mitad del periodo estudiado. (Anthropic)
Estos datos sugieren una transformación importante: la IA no solamente está ayudando a ejecutar tareas; está reduciendo la dificultad de conectar diferentes etapas de una operación.
La carrera entre atacantes y defensores
El fenómeno no significa que la IA pertenezca exclusivamente al atacante. También puede utilizarse para defender.
Puede ayudar a analizar grandes volúmenes de registros, identificar anomalías, priorizar alertas y acelerar investigaciones.
Sin embargo, el World Economic Forum (2026) encontró que G4 % de los encuestados considera que la IA será el principal factor de transformación de la ciberseguridad durante 2026, mientras que 87 % reportó un incremento de vulnerabilidades relacionadas con IA durante 2025. (World Economic Forum)
La conclusión es clara:
Estamos entrando en una carrera tecnológica.
La IA fortalece las capacidades de quien ataca, pero también puede fortalecer las capacidades de quien defiende, El reto consiste en determinar quién automatiza mejor y, sobre todo, quién mantiene el control humano en los momentos críticos.
Cinco amenazas que ya debemos considerar
- Phishing personalizado: Mensajes generados y adaptados específicamente a una persona o empresa.
- Clonación de voz: Suplantación de directivos, familiares, proveedores o funcionarios.
- Deepfakes corporativos: Videollamadas, fotografías o videos manipulados para obtener autorizaciones.
- Malware asistido por IA: Código y herramientas capaces de utilizar modelos de IA para determinadas funciones.
- Ataques agentivos: Sistemas capaces de encadenar reconocimiento, análisis, explotación y otras tareas con una intervención humana cada vez menor.
El último punto representa el cambio más importante.
El riesgo ya no está solamente en una herramienta inteligente, sino en la coordinación de múltiples herramientas mediante agentes.
¿Qué deben hacer las organizaciones?
La respuesta no puede limitarse a instalar más software de seguridad.
Las organizaciones necesitan reconsiderar sus mecanismos de confianza.
Para operaciones críticas deberían establecerse, como mínimo: (doble autorización, autenticación multifactor, confirmación mediante un canal independiente, límites para transferencias, separación de funciones, capacitación específica contra deepfakes, monitoreo de comportamientos anómalos, controles sobre las acciones que pueden ejecutar los agentes de IA.)
La regla fundamental debería ser sencilla:
Una voz, una imagen o una videollamada no deben ser consideradas por sí mismas una prueba suficiente de identidad.
De hackear sistemas a hackear decisiones
Quizá ésta sea la transformación más profunda, los primeros ataques informáticos buscaban entrar en una computadora, Los ataques actuales también pueden intentar entrar en una decisión humana, (Una transferencia, Una contraseña, Una autorización, Una descarga, Un acceso.)
La IA puede hacer que esa manipulación sea más rápida, personalizada y escalable.
Por ello, la ciberseguridad del futuro tendrá que proteger dos superficies: (la infraestructura digital y la capacidad humana de tomar decisiones).
Como conclusión puedo identificar, el cronograma de avances con la IA así como la vulnerabilidad que sea desarrollado, La evolución puede resumirse así:
201G: una voz puede ser falsificada.
2023: la IA generativa comienza a facilitar determinadas actividades criminales.
2024: una videollamada puede convertirse en una herramienta de fraude.
2025: la IA comienza a incorporarse en distintas etapas del ataque.
2026: los agentes de IA muestran capacidades crecientes para coordinar tareas ofensivas.
El peligro no consiste necesariamente en que una IA “se convierta en hacker”, el escenario más realista es diferente: personas utilizando IA para multiplicar sus capacidades.
Y esto conduce a una nueva pregunta para la ciberseguridad:
¿Cuánto de una operación ofensiva estamos preparados para permitir que una máquina ejecute sin supervisión humana?
La respuesta será determinante para la próxima década.
Porque en la era de la inteligencia artificial, ver no necesariamente significa comprobar, escuchar no necesariamente significa autenticar y conversar no necesariamente significa estar hablando con una persona.
La confianza digital tendrá que dejar de ser una percepción, Tendrá que convertirse en un proceso verificable.
*Doctorado en Gestión e innovación tecnológica, Maestría en tecnologías de la Información, Lic. Administración en tecnologías de la Información, Ing. Bioquímico Industrial. Especialista en Tecnologías de la Información, Inteligencia Artificial e innovación, con más de 25 años de experiencia en la gestión estratégica de datos dentro de organizaciones como AT&T México, UNITEC, Nielsen. Ha liderado proyectos de analítica avanzada, minería de datos y mejora continua que fortalecen la toma de decisiones y la eficiencia operativa.
Catedrático de Lic. y Posgrado en la Universidad (UDF), impulsando el uso responsable de la tecnología y la formación de nuevas generaciones preparadas para un entorno altamente automatizado.
En 2025 impartió conferencias en Grupo Aliat, UTEL y UDF, donde abordó temas de liderazgo digital, transformación tecnológica y el impacto de la IA en la formación profesional. Además, participa como colaborador en Revista Dossier Informativo Mx, contribuyendo con artículos especializados en tecnología e inteligencia artificial.
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