Por: María Dolores Otero Cerdeira

Es evidente que México enfrenta una crisis profesional en algunos sectores fundamentales para atender las necesidades de su población. Primero fue el convenio de cooperación con Cuba en materia de salud, ante la falta de médicos especialistas en determinadas comunidades; ahora surge el debate sobre la cooperación educativa con docentes cubanos, centrado principalmente en el intercambio académico, metodologías y proyectos conjuntos.
Esto nos lleva a plantear una pregunta: ¿por qué se habla de traer docentes extranjeros en lugar de fortalecer directamente al magisterio mexicano?
Es importante considerar que, mientras no se atiendan las necesidades estructurales del magisterio mexicano, cualquier cooperación externa puede percibirse como una respuesta a una carencia que debería atenderse también desde el ámbito nacional.
No se trata de cuestionar la cooperación con Cuba ni la capacidad de sus docentes. El intercambio académico puede aportar conocimientos y experiencias valiosas. La pregunta es si este tipo de cooperación debe ser complementaria a una política de fortalecimiento del magisterio mexicano o si, eventualmente, puede convertirse en una solución permanente frente a las carencias del sistema educativo.

¿Es más barato recurrir a especialistas extranjeros?
Capacitar y actualizar al magisterio mexicano implica inversión.
Los maestros mexicanos tienen derechos laborales adquiridos y forman parte de una estructura institucional que implica responsabilidades, supervisión y obligaciones administrativas. Capacitar y actualizar a miles de docentes significa invertir en horas de clase, talleres, cursos, materiales, estímulos y programas de formación continua.
En términos inmediatos, puede parecer más sencillo recurrir a especialistas externos por periodos determinados que financiar programas permanentes de formación para miles de docentes nacionales.
No podemos olvidar, además, la política de austeridad que ha caracterizado al gobierno mexicano y la búsqueda de soluciones de menor costo inmediato. Sin embargo, lo que puede representar un ahorro en el corto plazo puede convertirse en un problema en el largo plazo.
Si se recurre constantemente a asesorías o especialistas externos, se puede estar postergando la inversión necesaria en la formación y profesionalización del magisterio mexicano. Esto puede debilitar, con el tiempo, la autonomía y la capacidad del sistema educativo nacional para resolver sus propias necesidades.
¿Cuánto puede beneficiar a México la cooperación con la docencia cubana?
Esta es otra pregunta que debemos plantearnos.
La cooperación con Cuba puede aportar herramientas útiles para disminuir el rezago educativo en comunidades específicas, sobre todo en temas como alfabetización y educación comunitaria. Cuba tiene experiencias educativas que pueden resultar interesantes para México y que pueden ser objeto de intercambio y análisis.
Pero debemos tener claro que la cooperación internacional no sustituye la necesidad de fortalecer al magisterio mexicano, mejorar la infraestructura educativa y garantizar la formación continua de los docentes. México puede aprender de otros países, pero también debe construir sus propias soluciones.
¿Por qué docentes de Cuba y no de otro país?
La relación entre México y Cuba en materia educativa no es nueva. Existen antecedentes de cooperación e intercambio académico entre ambos países.
Entre los elementos que pueden explicar el interés por fortalecer esta relación se encuentran:

  • Relación política e histórica. México y Cuba mantienen una relación histórica que ha permitido desarrollar distintos mecanismos de cooperación. En materia educativa existen antecedentes de intercambio de experiencias y formación de maestros.
  • Afinidad en determinados principios educativos. La Nueva Escuela Mexicana plantea principios relacionados con la equidad, inclusión y justicia social, aspectos que pueden encontrar puntos de contacto con determinadas experiencias desarrolladas por el sistema educativo cubano.
  • Metodologías rurales y comunitarias. Cuba cuenta con experiencia en alfabetización y educación comunitaria, particularmente en contextos que pueden resultar de interés para México, donde también existen comunidades con importantes necesidades educativas.
    •Convenios bilaterales. Los acuerdos entre ambos países pueden incluir capacitación, asesoría, intercambio académico y proyectos conjuntos.
    Por ello, la discusión no debería centrarse únicamente en por qué Cuba y no otro país.
    La pregunta más importante es qué pretende México obtener de esta cooperación y cómo se incorporarán esas experiencias al fortalecimiento de su propio sistema educativo.
    Factores que explican la escasez de maestros en México
    Si existe una dificultad para cubrir determinadas plazas docentes, también debemos preguntarnos cuáles son las causas.
  • Uno de los factores es la falta de seguridad. En varias regiones del país, los maestros enfrentan violencia, amenazas y condiciones de riesgo que pueden desincentivar su permanencia en las comunidades.
  • Otro problema es el exceso de burocracia. La carga administrativa resta tiempo a la enseñanza y genera desgaste profesional. Los docentes deben elaborar planeaciones, reportes, evaluaciones, participar en consejos técnicos y cumplir con diversos procedimientos administrativos.
  • También está el tema de los salarios y las condiciones laborales. Cuando una profesión implica una enorme responsabilidad social, preparación constante, carga administrativa y, en determinadas regiones, condiciones de inseguridad, es necesario preguntarnos si existen suficientes incentivos para que las nuevas generaciones quieran dedicarse a ella.
  • A esto se suma el desinterés por ingresar a las escuelas normales. Las nuevas generaciones en México muestran, en determinados contextos, menor interés por estudiar para ser docentes de preescolar, primaria y secundaria; esto puede estar relacionado con las condiciones económicas, sociales y profesionales que actualmente enfrenta el magisterio.
    Si México no mejora salarios, seguridad, reconocimiento y formación docente, seguirá enfrentando dificultades para atraer y conservar maestros nacionales.
    ¿La profesión docente tiene el mismo reconocimiento en México y Cuba?
    La comparación entre México y Cuba debe realizarse con cuidado, porque existen diferencias estructurales, sociales, económicas y políticas entre ambos países.
    Sin embargo, resulta interesante analizar que en Cuba la docencia ha sido históricamente vinculada con una idea de profesión y servicio social, mientras que en México el ejercicio docente enfrenta actualmente diversos cuestionamientos y dificultades que pueden influir en la percepción que tienen las nuevas generaciones sobre esta profesión.
    No se trata de idealizar el sistema cubano ni de afirmar que sus maestros tienen mejores condiciones laborales en todos los aspectos. Se trata de preguntarnos qué puede hacer México para recuperar el atractivo y el reconocimiento social de la profesión docente.
    Si México no mejora las condiciones en las que trabajan sus maestros, seguirá teniendo dificultades para contar con suficientes docentes nacionales. Y esto puede generar una mayor necesidad de recurrir a mecanismos de cooperación externa.
    ¿Se les da mejor trato a los docentes extranjeros?
    En la práctica, puede parecer que a los profesionales extranjeros se les da un mejor trato. Esto puede ocurrir porque llegan bajo convenios de cooperación, con funciones específicas, como asesores, capacitadores o especialistas invitados. Su participación puede estar delimitada y no necesariamente implica que tengan que cumplir con todas las obligaciones administrativas que enfrenta un docente incorporado al sistema educativo mexicano.
    La diferencia puede estar en el contexto laboral. Los especialistas extranjeros pueden llegar como asesores invitados, con funciones específicas y por periodos determinados, mientras que los docentes mexicanos cargan diariamente con la burocracia, la inseguridad, la supervisión y el desgaste propio de su actividad.

Una pregunta desde el derecho
Aquí considero que debemos plantear una pregunta desde la perspectiva jurídica: Si un docente extranjero llega a comunidades mexicanas para cubrir la ausencia de maestros nacionales, en justicia, ¿debería enfrentar las mismas condiciones burocráticas y administrativas que los mexicanos?
En teoría, la respuesta debería partir de la función que va a desempeñar. No necesariamente tendría que estar sujeto exactamente al mismo régimen laboral que un maestro mexicano si su participación corresponde a un convenio de cooperación académica y sus funciones son exclusivamente de asesoría o capacitación.
Sin embargo, si un docente extranjero participa directamente en la enseñanza formal de alumnos mexicanos, deben existir reglas claras sobre sus funciones, preparación, supervisión, evaluación y responsabilidad.

Docentes mexicanos
Los docentes mexicanos deben cumplir, entre otras obligaciones, con:
• Planeaciones.
• Reportes.
• Evaluaciones.
• Asistencia a consejos técnicos.
• Trámites administrativos.
• Supervisión de las autoridades educativas.
• Lineamientos y disposiciones de la SEP.
La burocracia puede consumir tiempo que debería destinarse a la enseñanza.

Docentes extranjeros
Los docentes extranjeros que participan mediante convenios de cooperación pueden llegar con funciones específicas de:
• Asesoría.
• Capacitación.
• Intercambio académico.
• Investigación.
• Desarrollo de proyectos.
• Compartir metodologías y experiencias.
La diferencia, por tanto, puede encontrarse en la naturaleza de la función que desempeñan y en el instrumento jurídico mediante el cual participan.

Entonces, ¿quién supervisará su trabajo?
Si un docente extranjero participa directamente en comunidades o escuelas mexicanas,

  • ¿Cómo se va a verificar que cumpla con los criterios de educación establecidos en México?
  • ¿Cómo se garantizará que su trabajo esté alineado con los programas y objetivos educativos nacionales?
  • ¿Quién evaluará sus resultados?
  • ¿Quién será responsable si su participación no se alinea con los estándares oficiales?
    Existe el riesgo de que su aporte se quede únicamente en el plano de asesoría y capacitación, sin una responsabilidad directa sobre los aprendizajes formales. Pero si su participación sí implica una responsabilidad directa frente a estudiantes, entonces deben establecerse mecanismos claros de supervisión. La cooperación internacional no elimina la responsabilidad de las autoridades educativas mexicanas.
    La SEP debe establecer mecanismos claros de supervisión.
    Para que la cooperación sea legítima y equitativa, la SEP debería establecer mecanismos claros de verificación cuando la participación de docentes extranjeros tenga contacto directo con los procesos educativos formales.
    Debería existir claridad respecto de:
    • Las funciones que desempeñarán.
    • Su preparación profesional.
    • Los programas educativos que deberán observar.
    • Los mecanismos de supervisión.
    • Los criterios de evaluación.
    • Las responsabilidades de las instituciones participantes.
    • La duración y alcance de su participación.
    La falta de claridad en estos mecanismos puede convertirse en un punto débil de cualquier esquema de cooperación educativa. No porque se trate de docentes extranjeros, sino porque cualquier persona que participe directamente en la formación de estudiantes debe estar sujeta a reglas que garanticen la calidad y continuidad del servicio educativo.

Cooperar sí, sustituir no
México no debe cerrar las puertas a la cooperación internacional.
Por el contrario, el intercambio académico, las nuevas metodologías, la investigación y las experiencias de otros países pueden contribuir al fortalecimiento de nuestro sistema educativo.
Pero tampoco debemos perder de vista que la cooperación debe ser complementaria y no sustituir la responsabilidad del Estado mexicano de fortalecer a su propio magisterio.
• México necesita invertir en sus escuelas normales.
• Necesita atraer nuevamente a los jóvenes hacia la profesión docente.
• Necesita mejorar las condiciones de seguridad.
• Necesita reducir la burocracia innecesaria.
• Necesita fortalecer la formación continua.
• Necesita mejorar las condiciones laborales.
• Y necesita reconocer socialmente la importancia de quienes están frente a las aulas.
La cooperación con Cuba puede aportar experiencias y conocimientos. Pero la solución de fondo tiene que construirse en México.
¿Qué estamos haciendo en México para fortalecer a nuestros propios maestros?
La cooperación internacional puede ser positiva. Puede permitirnos conocer otras metodologías, compartir experiencias y encontrar nuevas herramientas para enfrentar el rezago educativo.
Ninguna cooperación extranjera puede sustituir la responsabilidad que tiene México de formar, capacitar, reconocer y proteger a sus docentes.

  • Si existen comunidades que necesitan maestros, debemos atenderlas.
  • Si existen jóvenes que ya no quieren estudiar para ser docentes, debemos preguntarnos por qué.
  • Si existen maestros que abandonan determinadas comunidades por inseguridad, debemos atender esa realidad.
  • Si la burocracia les quita tiempo para enseñar, debemos revisar los procedimientos.
  • Y si las condiciones laborales no son suficientes para hacer atractiva la profesión, debemos discutir seriamente cómo dignificarla.
    No se trata de cerrar las puertas a Cuba ni a ningún otro país. Se trata de abrir primero las puertas al fortalecimiento de nuestros propios maestros; porque si México necesita recurrir constantemente al exterior para resolver sus carencias profesionales, quizá el problema no está solamente en quienes vienen de fuera, sino en las condiciones que estamos creando para que nuestros propios profesionales quieran quedarse.
    Por eso, antes de preguntarnos si necesitamos maestros cubanos, deberíamos hacernos una pregunta mucho más profunda:
    ¿Qué estamos haciendo para que un joven mexicano quiera ser maestro, permanezca en las aulas y vea en la docencia una profesión digna, reconocida y fundamental para el futuro del país?
    La respuesta a esa pregunta debería formar parte de cualquier política educativa de largo plazo.

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