Por Alejandro Romero Barrios

Andrés Manuel López Obrador presentó su libro titulado «Pueblo«, pero, el hecho es casi irrelevante frente al efecto que produjo su aparición en video horas antes de que la presidenta Claudia Sheinbaum cumpliera dos años de gobierno.

En las siguientes horas, el país volvió a cuestionarse algo que lleva dos años flotando en la opinión pública y que no se tiene respuesta definitiva: ¿Quién concentra hoy la centralidad del poder político y del proyecto que ambos representan?

Porque parece, par algunos, misógino que el ex presidente tabasqueño no respetará el aniversario de gobierno actual, un día que debe ser para disfrute de la mandataria.

Así, el 30 de septiembre, desde La Chingada, el rancho de López Obrador fue escenarios de su reaparición tras meses de un bajo perfil público y con un mensaje de más de una hora. Presentó su segundo libro, en donde critica al porfirismo, a la oposición y a las redes sociales —de las que dijo que «antes eran libres, ahora están controladas»—, y llamó «achichincles» a periodistas críticos, lo que generó una respuesta pública inmediata de varios de ellos.

Por ejemplo, el empresario Ricardo Salinas Pliego, dueño de medios de comunicación, calificó al expresidente Andrés Manuel López Obrador como «viejo corrupto y pendejo», además, afirmó que se ve «acabado y fuera de sí».

Aunque en redes, comentaron que AMLO se ve entero y rozagante.

También expresó el empresario, que el expresidente es un «cínico» por repetir su ya gastado lema de campaña de «no robar, no mentir ni traicionar al pueblo», citando a Andrés Manuel López Beltrán, hijo de AMLO, como un «ratero», y a quien acusó de ser el motivo de la reaparición; seguramente, por la enorme presión que ejerce investigaciones de agencias de seguridad e inteligencia nacionales e internacionales. Justo como los publicó el diario New York Times y, al siguiente día, la presidenta Sheinbaum salió a descalificar al diario neoyorkino para defender a los hijos de AMLO.

LORET DE MOLA

Otro personaje que respondió inmediatamente, fue el periodista Carlos Loret de Mola que en su noticiario Latinus, del día jueves 1 de octubre, inició de manera sarcástica preguntando por que llevaba más de 300 días desaparecido de la escena pública, con tanto asuntos por los que atraviesa la nación mexicana. Le preguntó, si estaba su repentina salida fue porque «lo de su hijo Andy ya reventó, la vida de millonario que se da… su hijo Andy se volvió el símbolo de la corrupción.

Por ello, el periodista también de El Universal, le pidió «respetuosamente» a AMLO que algunas frases ya no las diga, refiriéndose a que no hay que tener «apego al dinero y al poder».

Loret le dice al expresidente tabasqueño «que se ve mal», argumentando y escudándose con ese tipo de frases, dado que «no pudo ni educar a sus hijos». «Porque usted es un gigante de la política, pero, sus chavos… salieron gangters, gangsters tontos, porque los hemos cachado en todo».

Además, citó cuando AMLO mencionó en su video promocional con la enjundia de siempre que:

— «Se acabó la corrupción, pésele a quien le pese…».

Loret le recuerda el caso Amilcar Olán, este empresario tabasqueño, directamente relacionado con el hijo de López Obrador, que movió más de mil millones de pesos a Suiza, por lo que un reportero de TV Azteca, televisora de Salinas Pliego, fue enviado al lujoso barrio en donde encontraba e intentó entrevistarlo, a lo que se negó el amigo de Andy López Beltrán; ahora parece que ha abandonado su residencia en Suiza.

Además, el también conductor de Wradio le cuestionó que en los días que estaba desaparecido, han pasado muchas cosas en México, como el fracaso de sus obras faraónicas de su sexenio, el descarrilamiento de los trenes Maya e Interoceánico, de los daños a la población, que en tono sarcástico le le sirvió para preguntarle si sabía algo, porque él dice ser «muy cercano a la gente».

Loret de Mola le agradeció al presidente que lo haya citado cuatro veces en su video, que no lo haya olvidado, pero, le pidió que no lo ocupe como distractor. En agradecimiento, Carlos Loret de Mola le expreso: » Yo tampoco me he olvidado de la gran mentira que fue su gobierno».

Además, acusó de misógino al expresidente, por sacar su video 5 horas antes de que la presidenta cumpliera dos años en su gestión de gobierno. «A menos que él piense que cumple otros dos años tras el poder» le reviró el periodista al ex presidente.

LA MAÑANERA SIGUIENTE

Al día siguiente del innecesario video, Sheinbaum calificó el mensaje de «muy emotivo» en su mañanera, en la que también recordó que cumplía dos años de gobierno con una aprobación que, según distintas encuestas difundidas ese mismo día, se ubica entre 65% y 70%, y con una reducción superior al 50% en el promedio diario de homicidios dolosos desde 2024.

La oposición respondió con dureza: Alejandro Moreno acusó al expresidente de vivir un «falso retiro VIP». Además, «Dice que se “jubiló” de la política, pero el muy desvergonzado se esconde detrás de un falso retiro VIP, con un hospital de primer nivel a unos minutos de su casa —ese sí, bien equipado— y un cuartel militar cercano para su seguridad».

Imagen de un hombre hablando ante una multitud de reporteros con cámaras y micrófonos, expresando su opinión sobre un libro y la situación política en México.

La paradoja que organiza todo lo demás

López Obrador dedicó parte de su mensaje a negar que sea «jefe máximo» o «poder detrás del trono». Y ese fue, precisamente, el efecto que produjo: en cuanto lo dijo, el país volvió a discutir exactamente eso. No porque alguien lo estuviera acusando de gobernar en la sombra en ese momento particular, sino porque la sola necesidad de aclararlo reabrió la pregunta que debía estar cerrada.

Es una paradoja comunicacional clásica —cuanto más se niega una sospecha sin que nadie la haya planteado, más se instala la sospecha—, y conviene no subestimarla. No es evidencia que AMLO conserve poder institucional, pero sí es evidencia de que conserva algo igual de valioso en política: La capacidad de fijar la pregunta dominante de la conversación nacional con un solo video.

Esa distinción —entre poder institucional y poder simbólico— es la que de verdad organiza el episodio, y conviene no perderla de vista frente a la tentación de resolverlo con una etiqueta fácil.

La sombra del caudillo

Carmen Aristegui, periodista también aludida en el video mensaje de López Obrador, centró su desconcierto y molestia en revisar una frase del video del ex mandatario, que se quejaba que la presencia de la «derecha, la ultraderecha» convertida ahora en «neofascismo» que estaba incrustado en los medios de comunicación al estilo de «Hitler». A lo que la periodista expresó su sorpresa y que tuviera mucho cuidado con utilizar este tipo de adjetivos, porque, ella le invitó a que si quiere «hablar de neofascimo, que se mire al espejo».

Todos los liderazgos políticos en la historia reciente del mundo o la mayoría, incluidos el obradorista, han revisado y seguido escrupulosamente la propaganda gobbeliana al pie de la letra. Dado que es un tema ya revisado en la academia y en las consultorías de comunicación política, que además, no nos dará tiempo revisar ahora, dejamos a nuestra audiencia una texto realizado en febrero de este año, a manera de análisis sobre lo que ahora está en la discusión pública: https://dossierinformativo.mx/2026/10/03/el-goebbels-de-lopez-obrador/

Dos lecturas, ninguna completa por sí sola

La lectura favorable sostiene que no hay nada irregular en que un expresidente jubilado escriba y reflexione sobre su legado. AMLO no desautorizó a Sheinbaum en ningún momento; al contrario, reconoció su liderazgo. Para la cohesión interna de Morena, ese respaldo público —del fundador del movimiento hacia su sucesora— funciona como una ratificación simbólica útil, sobre todo de cara al ciclo de definiciones internas que ya se mueve rumbo a 2027.

La lectura crítica no disputa el derecho de AMLO a publicar un libro; disputa el significado político del momento elegido. La reaparición coincidió con acusaciones activas contra su hijo por presuntos vínculos con el crimen organizado, y con el aniversario de la persona que debía, por una vez, monopolizar la narrativa nacional sin competencia. Que el timing fuera accidental es, cuando menos, difícil de sostener: Un expresidente que controla por completo el calendario de sus propias apariciones no elige cualquier semana del año sin razón.

La conclusión más honesta —y la más incómoda para quienes prefieren un titular limpio— es que ninguna de las dos lecturas agota el fenómeno. Puede ser, al mismo tiempo, políticamente rentable para AMLO (recupera centralidad, reivindica legado) y comunicacionalmente costoso para Sheinbaum (pierde, aunque sea por 24 horas, la propiedad exclusiva de su propio relato). Esas dos cosas no se cancelan entre sí.

El verdadero riesgo no es el ataque, es el eclipse

Si hay un aporte que vale la pena rescatar de este ejercicio colectivo de análisis, es este: el riesgo reputacional real para Sheinbaum no es que AMLO la confronte —no lo hizo, y todo indica que no es su intención—. El riesgo es más sutil y más estructural: que cada vez que él reaparece, así sea para elogiarla, la conversación nacional vuelva a girar alrededor de su figura. Dos años de aprobación sostenida por encima del 65% no han resuelto la pregunta de autonomía que se instaló antes incluso de que ella tomara posesión. La han puesto en pausa, no la han cerrado.

Y ahí está el verdadero desafío de comunicación presidencial para lo que resta del sexenio: construir una identidad propia que pueda reivindicar la herencia del movimiento sin depender de la presencia activa de quien la fundó. No se trata de romper con el obradorismo —nadie seriamente lo plantea—, sino de pasar de ser leída como «la presidenta de la continuidad» a ser leída como la presidenta que interpreta y conduce una etapa propia del proyecto.

La respuesta de Sheinbaum, en su favor

Vale reconocer un acierto táctico: Sheinbaum no confrontó ni ignoró el episodio. Lo normalizó, calificándolo de «muy emotivo» y señalando —en una frase que, esta sí, es reveladora— que cuando AMLO reaparece, las redes se mueven. Esa frase admite, sin necesidad de decirlo explícitamente, que su antecesor conserva una capacidad de activación que ella misma no puede replicar. Eso no es debilidad: es la forma más barata de evitar un titular mucho peor, el de «Sheinbaum rompe con AMLO», que ningún asesor de comunicación presidencial querría ver un día antes de su propio aniversario.

La pregunta que queda abierta rumbo a 2027

El verdadero tema de fondo no es si AMLO «volvió», es si, de cara al ciclo electoral que empieza a tomar forma, Morena puede sostener dos fuentes de autoridad —una institucional, la de Sheinbaum; otra simbólica, la de López Obrador— sin que una termine condicionando la percepción de la otra.

Esa coexistencia funcionó sin fricciones visibles en este episodio puntual. Si seguirá funcionando así cuando empiecen las decisiones de candidaturas, con intereses reales en disputa y no solo la promoción de un libro, es una pregunta que ningún análisis de un solo día puede responder con certeza. Lo que sí puede decirse, con la evidencia disponible hoy, es esto: Sheinbaum no necesita del respaldo de AMLO para sostener su popularidad —las cifras lo demuestran—, pero tampoco ha logrado, en dos años, que su calendario narrativo sea completamente suyo cuando él decide hablar. Esa es la distancia exacta que separa la legitimidad de la autonomía. Y es, probablemente, la historia que de verdad habría que seguir contando en los próximos meses.

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Alejandro Romero Barrios es Director General de Dossier Informativo MX. Especialista en análisis político, gestión de reputación institucional y estrategia de comunicación de alto nivel.
http://www.dossierinformativo.mx | contacto@dossierinformativo.mx

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