Por: Guillermo Torales Caballero

La Historia no es una ciencia exacta. Y ello se debe, entre otras consideraciones, a que carece de una naturaleza empírica que le impide la experimentación y el análisis preciso de laboratorio sobre eventos irrepetibles y únicos, lo cual le abre la puerta a la subjetividad y a la interpretación.
Un ejemplo palmario de ello es la conmemoración del “12 de Octubre”, cuando dos discursos historiográficos altamente ideologizados –y, por tanto, politizados– se confrontan desde las antípodas de un mismo debate: Indigenismo e Hipanismo. Ambas visiones sobre nuestro pasado vienen construyendo sus propias narrativas acerca de lo que llaman “El Descubrimiento de América”, “Día de la Raza”, “Día de los Pueblos Indígenas”, “Día de la Hispanidad” o “Día de la Pluriculturalidad y de la Resistencia Indígena”.
Desde su particular posición, la corriente indigenista y la hispanista elaboran y difunden entre sus adeptos una “leyenda negra” en contra de la otra y una “historia rosa” sobre sí misma, lo cual dificulta la conversación y el entendimiento. A falta de un diálogo científico e incluyente entre ambas perspectivas, parecen multiplicarse las invectivas polarizantes y las descalificaciones por encima de los datos y los hechos, el reduccionismo seudohistoricista, el discurso de odio presentado como nacionalismo, el sesgo malintencionado y las falacias ad hominem, en lugar de una reflexión razonada y crítica sobre el pasado.
El debate incluye a historiadores, divulgadores, periodistas, funcionarios públicos, youtubers, intelectuales, políticos, académicos y propagandistas, quienes mutuamente se etiquetan y descalifican como de “derecha”, “izquierda”, “imperialistas”, “etnocentristas”, “retrógados”, “progresistas”, “hispanofóbicos”, “monarquistas”, “hiperindigenistas”, “fascis-tas”, “revisionistas”, “conservadores”, “sectarios”, “liberales”, “nativistas extremos”, “panfletarios” y “eurocentristas”, entre otras tonalidades del espectro ideológico, cuyos discursos y argumentos están ampliamente difundidos a través de libros, conferencias, revistas, diarios, redes sociales, podcast y memes, cuyos argumentos se comparten a continuación en forma general.

EL DISCURSO INDIGENISTA

  • Interpreta el 12 de octubre de 1492 como la fecha de inicio de un proceso violento y hegemónico de conquista por parte de potencias europeas, encabezadas por España, respecto de lo que hoy llamamos América.
  • Rechaza llamar a esta fecha “Descubrimiento de América” por ser una denominación eurocentrista y supremacista que niega la preexistencia del continente y de sus pueblos originarios o amerindios.
  • Denuncia la presencia española de 300 años como un periodo colonial, ominoso y oscuro, caracterizado por la vio-lencia, la opresión, la esclavitud y el saqueo, que dejó como evidencias históricas un etnogenocidio y la destrucción de las culturas mesoamericanas.
  • Reivindica a los pueblos originarios como la única identidad legítima de lo que hoy son los Estados nacionales o países de América, incluido México.
  • Exige a la Monarquía Española y al Estado Vaticano expresar públicamente sus disculpas por las atrocidades cometidas en tierras americanas en nombre de dios y de la Iglesia Católica.

EL DISCURSO HISPANISTA

  • Interpretan el 12 de octubre de 1492 como el resultado de un esfuerzo de exploración marítima para encontrar nuevas rutas comerciales, hazaña que adjudica a Cristóbal Colón y a los “Reyes Católicos” del entonces Reino de Castilla.
  • Caracteriza su llegada a América como el inicio de un proceso civilizatorio que erradicó la barbarie y la idolatría, los sacrificios humanos y el canibalismo ritual.
  • Destaca la aportación de una nueva religión y un nuevo modelo cultural, caracterizado por la introducción de la ciencia y de nuevas tecnologías como motores del progreso.
  • Llaman a esta fecha “Día de la Hispanidad” porque afirma que a partir de entonces se construyó, en forma paralela y equitativa, la Monarquía Hispánica, los reinos y virreinatos de la América Española, con derechos para todos sus súbditos.
  • Argumentan que la Monarquía Hispánica representa un imperio “generador” y no “depredador”, como el de las demás potencias europeas (Inglaterra, Francia, Portugal y los Países Bajos), ya que nunca fundó “colonias”, sino unidades políticas generadoras de bienestar compartido, proscribiendo la esclavitud y el genocidio como políticas de Estado.

ABRIR LA CONVERSACIÓN
Aunque parecen discursos irreconciliables, el Indigenismo y el Hispanismo podrían dialogar si bajaran los decibeles de su confrontación para escuchar al otro y darle paso al razonamiento, a otras perspectivas de análisis y a la construcción de un nuevo relato histórico, más inteligente y documentado, y menos insuflado de pasión e ideología. He aquí tres propuestas para comenzar a trabajar sobre el tema, de la mano de prestigiadas y reconocidos historiadores mexicanos:

  1. Miguel León Portilla (1926-2019), con su sapiencia y mesura, eligió llamar al 12 de octubre “El Encuentro de Dos Mundos”, en virtud de la evidente naturaleza de aquel suceso y, especialmente, de sus consecuencias: dos realidades –tan importante una como la otra; ambos territorios habitados y civilizados– que se encuentran, chocan violentamente, confrontan y se fusionan a partir de una dualidad compleja y dolorosa, protagonizada por el mestizaje biológico y el sincretismo cultural.
  2. Edmundo O’Gorman (1906-1995) advirtió reiteradamen-te que el papel del historiador “no es pelearse ni regañar a los muertos, sino comprenderlos”. Es decir, advierte que no se debe pretender juzgar moralmente a los protagonistas del pasado de acuerdo con nuestra percepción contemporánea –un error grave, pero común, llamado anacronismo y denunciado enérgicamente por los historiadores científicos–, sino estudiarlos para entender por qué tomaron las decisiones que tomaron y por qué hicieron lo que hicieron.
  3. Guadalupe Jiménez Codinach y Patricia Galeana Herrera –dos estupendas historiadoras, aún vivas para nuestra fortuna–, a pesar de discrepar respecto del estudio y reflexión crítica de ciertos episodios y personajes de nuestra Historia nacional, suelen coincidir en aspectos fundamentales del tema que nos ocupa: La indispensable remisión a las fuentes históricas –directas o indirectas, primarias o secundarias– y a la investigación rigurosa, acudir al documento histórico, buscar y encontrar el dato duro y puro, para no conformarse con la mera especulación y dar por buena la opinión estereotipada y sin sustento: “No hay Historia sin fuentes”.
    Para instrumentalizar la Historia como una herramienta científica que nos ayuda a comprender el hoy a partir del pasado, no se necesita ser historiador de carrera o un profesional experimentado en la materia. Lo que sí es necesario y muy recomendable, es trasponer el juicio o la opinión disfrazada de argumento histórico para privilegiar las fuentes y los datos: “Dato mata relato”. Evitemos hacer de la Historia una falaz historieta de héroes y villanos. Por el contrario, “en una de esas” –como decimos en México–, somos maravillosamente la síntesis de lo mejor de dos mundos.
    Aunque la Historia no es una ciencia “dura” o exacta, entre más investiguemos, preguntemos, razonemos y debatamos constructivamente sobre ella, seguramente más nos acercaremos a lo que realmente ocurrió.

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