Por: Meliza Sandoval / MellSLaureTM
La carrera por llevar la inteligencia artificial al espacio ya está en marcha. Google prueba procesadores en órbita; SpaceX y Blue Origin solicitan autorización para grandes constelaciones destinadas al procesamiento de datos; y Nvidia desarrolla plataformas de computación espacial. Aunque estas iniciativas combinan experimentos, productos y propuestas regulatorias en etapas distintas, anticipan una nueva competencia por la infraestructura digital fuera de la Tierra.
El 1 de octubre de 2026, Google anunció que un satélite prototipo de su Proyecto Suncatcher, desarrollado en colaboración con Planet, llegó a órbita a bordo de la misión Transporter-18 de SpaceX. La empresa confirmó contacto con el equipo y señaló que funcionaba según lo previsto. Su objetivo inicial es recopilar información sobre cómo sus procesadores de inteligencia artificial, conocidos como TPU, responden a las condiciones del vuelo y del entorno espacial. Es un experimento, todavía distante de una infraestructura comercial a gran escala.
SpaceX presentó ante la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos, el 30 de enero de 2026, una solicitud para lanzar y operar un sistema de hasta un millón de satélites destinados a centros de datos orbitales. La cifra corresponde al máximo solicitado: el documento citado no acredita una constelación desplegada ni confirma que la autorización haya sido concedida.
Blue Origin, fundada por Jeff Bezos, también solicitó autorización para lanzar y operar hasta 51,600 satélites bajo el nombre Proyecto Sunrise, concebido para realizar procesamiento de datos en órbita. La cifra corresponde al máximo solicitado y no al número de satélites desplegados. El documento citado no confirma que la autorización haya sido concedida. Junto con la solicitud de SpaceX, el proyecto muestra la magnitud de las aspiraciones empresariales, aunque el inicio de un trámite regulatorio no garantiza que estas redes lleguen a materializarse.
Nvidia anunció el 16 de marzo de 2026 sus plataformas Space Computing, orientadas a aplicaciones que incluyen centros de datos orbitales, análisis de información geoespacial y operaciones autónomas. El anuncio combinó productos disponibles con el módulo Space-1 Vera Rubin, cuya disponibilidad se planteó para una fecha posterior.
En China, Zhejiang Lab y ADA Space ya documentaban cooperación y validaciones de tecnologías de computación espacial en 2024. Sus iniciativas contemplan redes de satélites capaces de procesar información y comunicarse mediante enlaces láser. La escala prevista para esas redes no equivale a su capacidad instalada.
Europa también participa. El estudio ASCEND, financiado por la Comisión Europea y coordinado por Thales Alenia Space, publicó resultados de viabilidad en junio de 2024. Su propuesta vincula centros de datos espaciales con objetivos ambientales y de soberanía digital, bajo condiciones tecnológicas que todavía requieren desarrollo.
El estudio advierte que una reducción significativa de emisiones exigiría un lanzador con emisiones de ciclo de vida diez veces menores; trasladar infraestructura al espacio no garantiza por sí solo una ventaja ambiental.
El crecimiento de los centros de datos presiona las redes eléctricas y los tiempos de conexión en determinadas regiones. La Agencia Internacional de Energía proyecta que su consumo mundial aumentará de 485 teravatios-hora en 2025 a unos 950 en 2030. Estas cifras abarcan todos los centros de datos, no únicamente los dedicados a inteligencia artificial.
El atractivo energético del espacio reside en la posibilidad de aprovechar la luz solar durante periodos prolongados. Según Google, en una órbita adecuada un panel puede producir hasta ocho veces más energía que uno comparable en tierra. Su diseño contempla órbitas heliosíncronas de amanecer-anochecer, con iluminación casi continua. La ventaja depende de la órbita, el diseño del sistema y las pérdidas asociadas; no se aplica por igual a todos los satélites.
La refrigeración es uno de los principales obstáculos. En el vacío no existe aire que retire el calor de los equipos: este debe transportarse hasta superficies que lo emitan mediante radiación térmica. Google prueba sistemas que combinan conductos de calor y radiadores para proteger sus procesadores del sobrecalentamiento.
También importa la radiación espacial, capaz de causar errores y degradar componentes. Sin embargo, no puede afirmarse que todos los chips tendrán necesariamente una vida mucho más corta. Google reportó resultados favorables en pruebas de laboratorio de sus TPU Trillium, aunque su fiabilidad real deberá comprobarse en órbita.
A esto se suman los costos de lanzamiento, las comunicaciones entre satélites y con la Tierra, y la operación sostenida de los sistemas. Una arquitectura técnicamente posible todavía debe demostrar que puede competir con las alternativas terrestres.
Estas iniciativas permiten plantear una pregunta de fondo: ¿quién controlaría la infraestructura si una parte creciente del procesamiento digital se trasladara al espacio?
Desde una perspectiva geopolítica, esa capacidad podría influir en la autonomía tecnológica de países y empresas. Sus efectos dependerán de quién pueda construirla, financiarla, regularla y utilizarla, así como de las jurisdicciones bajo las que opere la infraestructura orbital y de las condiciones de acceso a sus servicios.
La nueva carrera espacial ya cuenta con experimentos y propuestas concretas. Su prueba decisiva será demostrar que estos proyectos pueden operar de forma fiable, disipar calor, resistir la radiación, mantener comunicaciones eficientes y competir en costo y desempeño con las alternativas terrestres. Hasta entonces, los centros de datos orbitales seguirán siendo una posibilidad tecnológica, no una infraestructura consolidada.
Fuentes consultadas y criterios de verificación: se revisaron anuncios y documentación de las empresas, registros regulatorios, publicaciones institucionales y estudios técnicos. Las solicitudes de autorización, las capacidades anunciadas, los prototipos en prueba y los sistemas desplegados se trataron como categorías distintas.
- “Google: lanzamiento del prototipo de Suncatcher, 1 de octubre de 2026” (https://blog.google/innovation-and-ai/models-and-research/google-research/project-suncatcher-prototype/).
- “Google Research: diseño, energía solar y desafíos de Suncatcher” (https://research.google/blog/exploring-a-space-based-scalable-ai-infrastructure-system-design/).
- “Google: pruebas de hardware y refrigeración” (https://blog.google/innovation-and-ai/models-and-research/google-research/google-project-suncatcher-facts/).
- “FCC: solicitud del sistema SpaceX Orbital Data Center” (https://docs.fcc.gov/public/attachments/DA-26-113A1.pdf).
- “FCC: solicitud de Blue Origin para Project Sunrise” (https://docs.fcc.gov/public/attachments/DOC-420864A1.pdf).
- “Nvidia: anuncio de Space Computing” (https://nvidianews.nvidia.com/news/space-computing).
- “Zhejiang Lab: cooperación con ADA Space” (https://en.zhejianglab.com/news/202407/t20240705_3927.shtml).
- “Zhejiang Lab: arquitectura de computación espacial” (https://en.zhejianglab.com/news/202410/t20241008_4052.shtml).
- “Thales Alenia Space: resultados del estudio ASCEND” (https://www.thalesaleniaspace.com/en/press-releases/thales-alenia-space-reveals-results-ascend-feasibility-study-space-data-centers-0).
- “Agencia Internacional de Energía: proyecciones actualizadas de energía e IA” (https://www.iea.org/reports/key-questions-on-energy-and-ai/executive-summary).
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